Araceli Fulles, una joven de 22 años vecina del barrio Sarmiento del Partido de San Martín, se encuentra desaparecida desde el domingo 2 de abril. Se la vio por última vez en la plaza del barrio Lanzone. A través de un comunicado, estalló una gravísima versión: ¿no se la busca como a Micaela García? ¿Por qué no se ofrece una recompensa de 500 mil pesos?
Desde el sábado su familia no sabe nada de ella y ante la falta de respuesta por parte del Estado, vecinos, familiares y amigos cortaron la Avenida Márquez durante dos días consecutivos. La denuncia por la desaparición se encuentra radicada en la Comisaría de Billinghurst. Al día de la fecha, no hay ninguna noticia.
“El intendente Gabriel Katopodis es responsable de que se dispongan todos los recursos necesarios para encontrar a Araceli con vida, la búsqueda debe realizarse bajo el control de sus familiares y amigos. Desde el Plenario de Trabajadoras de San Martín nos ponemos a disposición de la familia y amigos para colaborar con su búsqueda”, indicaron.
Al respecto, la periodista Valeria Sampedro publicó un duro texto titulado: “La mala víctima”. Y dice: “Hay buenas y malas víctimas. O víctimas inconvenientes, digamos. Hoy me topé con una de ellas, una víctima de segunda. Con su familia, en realidad. Araceli Fulles, 22 años, desapareció el sábado 1 de abril en el barrio Sarmiento de la localidad de San Martin. Su foto empezó a circular hace unos días por las redes sociales, cuando todavía se buscaba a Micaela (…)”.
“La primera contra que tiene Araceli, como víctima, es ser pobre. Pero eso sería lo de menos si se tratara de una pobre “ejemplar” de esas que le encanta rescatar al periodismo. No es el caso. Araceli abandonó el secundario hace rato, tiene problemas de adicción, su muro de facebook advierte que su actividad principal es “estar todo el día en la calle”, su mamá cuenta que era habitual que faltara de casa más de un día y su hermano aporta que seguro no la tienen en la villa porque ya recorrió tres barriadas, “allá todos la conocen a la negra y ninguno la vio. A favor tiene todos los dientes, mirada dulce y una sonrisa encantadora”.
“¿Cuánto de esto se puede contar? En las últimas horas leí varias notas sobre Micaela, abanderada y mejor promedio, una chica llena de proyectos, compromiso social y activa militante del Niunamenos. Sin dudas, todos esos datos le ponen alma al nombre convertido en slogan de pedido de justicia”.
“Pero pienso qué pasa cuando la madre que tenés enfrente llorando desconsolada porque hace días que no sabe nada de Araceli, te cuenta que la piba abandonó la escuela, cayó en la droga y sus amistades hoy están en la mira como posibles cómplices o responsables. Te dice eso y te muestra con mano temblorosa el chat plagado de corazones y ositos intentando demostrar la buena relación que tenía, que tiene, con su hija y cómo se preocupaba en saber todo el tiempo dónde y con quien estaba (…)”.
 
“Creo que es hora discutir la hipocresía que refuerza los estereotipos de la buena víctima. Porque es a partir de esa omisión cuando la trama marginal de pobreza-delincuencia la deja a la intemperie. Es cuando más necesita micrófonos. Que nadie la silencie. Hablar de ese contexto de vulnerabilidad es lo que permitirá entender que ella no se lo buscó, sino que justamente su condición (de pobre, negra y/o drogadicta) la puso, la sigue poniendo en riesgo”, concluye.

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