En un país en donde el escenario político se va renovando y mutando día tras día, aquella elección del 2013 en donde Sergio Massa se perfilaba como en gran candidato, pareciera haber quedado en el olvido.

En aquel entonces y en el marco de la contienda electoral con la ex presidenta Cristina Kirchner, en la mesa chica del Frente Renovador aseguraban convencidos que “ninguno garantiza fidelidad como Katopodis” (Sic). Pero meses después y ante la caída en la intención de votos del massismo pegó el portazo y los abandonó.

Consciente de que la merma en la imagen de su ex amigo podría poner en juego la gobernabilidad en su pago chico, el jefe comunal de San Martín reunió a su mesa chica y les dijo: “Muchachos, hay que municipalizar la elección porque Sergio no levanta”. Confirmando una vez más un viejo axioma del peronismo: “¡sálvese quien pueda!”.

Ya en el 2017 y de nuevo frente a una elección intermedia, la estrategia de Katopodis dio un giro de 180 grados. Ante el desgaste natural luego de seis años de gestión y la falta de un nombre de peso en su boleta, ahora la nueva orden es nacionalizar la elección, saliendo a criticar salvajemente al presidente y a la gobernadora, pero evitando mencionar a como de manera el evidente parate en el que está sumido el municipio de San Martín.

Sabiéndose perdedor y en una boleta que orilla los 6 puntos de intención de voto, el randazzista Katopodis evitó el costo político de imprimir su apellido en la boleta zonal.

Llamativamente y luego de la alta exposición mediática que ostentaba antes del los cierre de listas, el madamás sanmartinense pareciera haberse abstraído totalmente de la campaña, centralizándola en el ex ministro kirchnerista y en el presidente del Concejo Deliberante, quien debió ponerse el último tramo de dicha campaña al hombro.

El panorama es incierto. En medio de una guerra no declarada con otros sectores del peronismo, los nervios en el oficialismo de San Martín ya son difíciles de ocultar, y el temor de perder la mayoría automática que sostuvo por casi seis años en el HCD, se hace cada vez más real.

 

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