La madre de todas las batallas, el control del Concejo Deliberante, continúa dando tela para cortar.  Las conversaciones entre los actores se mantienen  hora tras hora, pero todavía no hay nada firme.

 

El penoso papel de Katopodis en la última elección, en donde fue elegido solo por 9 vecinos de cada 100, le trajo al mandatario una importante merma en su poder territorial: perdió totalmente el manejo del Consejo Escolar quedando en manos de Cambiemos, y hay dudas sobre su futura injerencia en el Concejo Deliberante.

Aún en minoría, sólo cuenta con 5 manos, el intendente Katopodis sueña con continuar manejando a gusto y placer todos los hilos del legislativo, un cuerpo que promete profundizar si función de control de cara al 2019.

Si bien todos los sectores coinciden en público a ayudar al intendente a mantener la gobernabilidad, no son pocos los que muestran reticencias y miradas críticas hacia el mandatario. “Es que el griego nunca le cumplió sus promesas a nadie”, aseguran.

Desde el oficialismo saben que no será fácil la negociación y son conscientes de la necesidad de consensuar con algún bloque para mantener la presidencia.

Cambiemos con 10 manos se convirtió en la primera minoría, el sector kircherista cosechó 5 manos y el massismo ostenta 4.

El kirchnerismo, encabezado por el concejal Hernán Letcher,  es uno de los sectores más intransigentes. Por su parte el massismo, liderado por Eslaiman, no le perdona al intendente el hecho de haber huido del barco minutos antes de la elección del 2015.

Las presiones y operaciones periodísticas incentivadas desde la gestión están a la orden del día.

Por su parte, el ministro provincial López Medrano, señaló en varias oportunidades que Cambiemos ayudará a mantener la gobernabilidad, pero aún no precisó la posición que tomará el bloque a partir de diciembre.

Desde el katopodismo confían en un gesto amigable desde provincia. Katopodis tiene un as bajo la manga. Mediante su hombre de confianza, el senador Fernando Moreira,  votó afirmativamente y en dos ocasiones el presupuesto a la gobernadora.

Mientras las conversaciones continúan, las profecías se inclinan a asegurar que para el 2019, San Martín será indefectiblemente un municipio pintado completamente de amarillo.

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